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La inocuidad y la seguridad alimentaria en serio riesgo a causa del cambio climático

En el mundo hay 690 millones de personas que viven con inseguridad alimentaria. Estas personas no tienen un acceso regular a los alimentos que necesitan para crecer, desarrollarse y llevar una vida activa y saludable.

La inseguridad alimentaria se da en los casos en los que no se dispone de alimentos o cuando no se dispone de los recursos necesarios para obtenerlos. Por ejemplo, en los casos en los que las y los agricultores que viven de la tierra no pueden conrear el campo. Los factores que influyen en esta situación van desde causas políticas a intereses comerciales, guerras y conflictos armados, pandemias o desastres naturales.

Sin duda, una de las causas que afectan más a la producción de alimentos y, por consecuencia, a la seguridad alimentaria, es el cambio climático.

Inundaciones, sequías, olas de calor y tormentas son fenómenos que se han intensificado en los últimos años como consecuencia del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero que ha provocado el cambio climático.

La crisis climática impacta especialmente en el aumento del hambre en el mundo y es una de las principales causas de las crisis alimentarias, tal y como señala la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Los efectos del cambio climático en la alimentación también tienen graves efectos sobre la desnutrición y podría afectar a millones de niños en 2050.

Actualmente, 183 millones de personas se encuentran en situación de estrés alimentario. Y de estas, el 71% se distribuyen en una treintena de países de África. Especialmente grave es la situación de los países del Cuerno de África y África meridional, que se ven gravemente afectados por los fenómenos climáticos.

En cuanto a la inocuidad alimentaria, el cambio climático no lo pone fácil: los microorganismos productores de toxinas, hongos o las plagas, por ejemplo, pueden aumentar la aparición de enfermedades transmitidas por alimentos.

El aumento de la temperatura del agua marina en superficie, además de la eutrofización de las aguas, facilita que aumenten las algas productoras de toxinas que provocan la contaminación en alimentos marinos.

La transmisión de enfermedades entre animales y humanos (enfermedades zoonóticas) también supone un riesgo para la inocuidad. El aumento de temperatura y humedad podría explicar que bacterias como Salmonella, Listeria o Campylobacter o virus como Norovirus aumenten la supervivencia contribuyendo al aumento de intoxicaciones. Del mismo modo, estos factores también influyen en el crecimiento de hongos en los cultivos que aumentan la posibilidad de micotoxinas. (Lea: Investigación: la ganadería puede revertir el calentamiento global)

De hecho, la Autoridad Europea en Seguridad Alimentaria (EFSA) dirige un equipo de científicos que han desarrollado una metodología para identificar los riesgos emergentes en seguridad alimentaria relacionados con el cambio climático. El enfoque se llama CLEFSA (“El cambio climático como factor impulsor de los riesgos emergentes para la seguridad de los alimentos y los piensos, las plantas, la salud animal y la calidad nutricional“) en el que se incluyen hojas de puntuación que caracterizan los efectos del cambio climático en estas cuestiones.

Frente a esto, señala el informe, sólo queda el compromiso real de los gobernantes con políticas realmente eficaces, tanto como implorar que escuchen a los científicos. Como bien indican en el estudio, “nos encontramos en una coyuntura crítica. El cambio climático está provocando graves impactos en la salud de todo el mundo”.

Contribuir a la reducción de efectos causados por el cambio climático, es un trabajo de todos, en este sentido en Grupo Rosmar refrendamos nuestro compromiso a través de la creación de soluciones amigables con el ambiente.

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